Uno de los temas tabú que se presentan en la vejez con mucha frecuencia, y que además está profundamente afectado por el edadismo, es el relacionado con el ejercicio del amor y de la sexualidad. También surgen prejuicios cuando alguno de los miembros de la pareja fallece y la persona decide volver a enamorarse o construir una nueva relación.
Es común escuchar expresiones como: “viejo rabo verde”, “lagartona”, “viejo sátiro”, “le faltó al respeto al difunto y anda con otro”, “viejo asaltacunas” o aquello de “le dio el sarampión”. Y existen decenas, de verdad decenas, de frases similares.
Estas ideas provienen de una herencia cultural que durante generaciones nos ha enseñado que, con el paso de los años, debemos dejar de pensar en amar, amar de nuevo, relacionarnos sexualmente con alguien o volver a casarnos. El juicio social suele hacerse todavía más intenso cuando existe una diferencia importante de edad entre los integrantes de una pareja.
Quiero subrayar algunos puntos que considero de gran importancia.
No existe el amor a primera vista. Lo que ocurre en un primer encuentro es la atracción, y esta se fundamenta en la sexualidad, presente en nosotros a cualquier edad.
La sexualidad nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte. Somos seres sexuales durante toda nuestra existencia.
Cuando se produce una conexión energética basada en la sexualidad, surge la posibilidad de amar. Una vez que iniciamos una relación más profunda, descubrimos si podemos amar o no a esa persona. A partir de ahí aparecen nuevas expectativas, emociones y proyectos compartidos.
También debemos reconocer que uno de los principales enemigos del amor es la rutina. Las parejas, estén o no casadas, pueden perder el interés por innovar en las actividades cotidianas y, especialmente, en aquellas que fortalecen los vínculos afectivos y la expresión de la sexualidad.
El amor y la sexualidad no mueren con la edad. Pensar lo contrario es una de las falacias más dañinas que existen sobre la vejez.
Además, la sexualidad no es lo mismo que la genitalidad. Todo nuestro cuerpo es un órgano de expresión sexual. Cuando comprendemos esto, descubrimos que podemos despertar emociones, ternura y deseo de múltiples maneras. Un viejo amigo, ya fallecido, decía con humor que “la lengua es un órgano sexual que algunos depravados utilizan para hablar”.
Hay una frase que me gusta especialmente: no hay amor más imposible que el que no se intenta. No necesita explicación. Es simplemente verdad.
Podría continuar compartiendo muchas más reflexiones, pero mi intención es invitarte a recrear el concepto que tienes de ti mismo, especialmente si eres una persona mayor y más aún si has perdido a tu pareja.
Algunas propuestas para vivir plenamente
- Declárate la persona más importante de tu vida. Debes sentirte tu propia prioridad.
- Renueva tu vestuario.
- Aprovecha la seguridad y la autoestima que los años te han regalado.
- Párate frente al espejo y antes de salir di en voz alta: “soy hermosa” o “soy guapo y muy atractivo”.
- Recuerda que el dinero sirve para comprar lo comprable. Llegará un momento en que algunas de las mayores satisfacciones de la vida no podrán adquirirse con ninguna cantidad de dinero.
- Lleva una sonrisa genuina cuando salgas de casa.
- Camina con seguridad y dignidad. Si utilizas bastón, hazlo con elegancia.
- Acude periódicamente al médico, preferentemente a un geriatra, para revisiones preventivas.
- Socializa. Pero no hables únicamente de enfermedades o medicamentos; habla de la vida, de proyectos, de ilusiones y de todo aquello que todavía te entusiasma.
- Mantén una relación cercana con tus hijos y, especialmente, con tus nietos. Compartir tiempo con ellos es una experiencia profundamente enriquecedora.
- No creas que todo tiempo pasado fue mejor.
- No vivas de recuerdos; crea momentos inolvidables.
- No permitas que otros tomen decisiones por ti. Conserva tu autonomía.
Y en cuanto al amor y la sexualidad, atrévete a vivirlos con plenitud. Sé poeta al hacer el amor o al expresar tu deseo. Sé auténtico en tus sentimientos. No mientas. Es mejor ser directo, incluso incómodamente sincero, que hipócrita o engañoso. Respeta a tu pareja y a quienes forman parte de tu vida afectiva.
Reaviva el amor que llevas dentro. Recréalo. Exprésalo.
Y, sobre todo, vive vivo.
Y cuando llegue el momento de partir, muere vivo.
Pepe Valencia
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