Es usual entre las personas mayores tener numerosas dudas, en tal sentido existe un binomio que refleja por lo menos a dos grandes interrogantes; el primero inevitablemente ligado con el sentido de la misma vida, más exactamente con su propósito de ser, estar, sentir, vivir y morir. El segundo tiene estrecha relación con la forma de vivir durante esta etapa de la vida.
Indudablemente el ser humano es ante todo un ser social, viviente, sensible y soñador, que busca merece y necesita además de un entorno estable alcanzar paz, salud física y mental a través del amor que ha ido sembrando o que le ha llegado la hora de empezar a cosechar a través de nuevas relaciones mucho más profundas, estables y solidarias, como encuentro sublime de complicidad compartida así sea a través del mismo silencio propio de las personas mayores.
Este hermoso juego de ilusiones y sueños compartidos se convierte en fuerza motriz capaz de revivir numerosas razones para vivir. Porque la vida en todas sus etapas y muy especialmente en la edad mayor nos plantea retos de movilidad tanto física como mental, emocional y espiritual.
Es exactamente el momento de volver la mirada hacia nuestro mundo interior dormido durante muchos años, e ignorado en la mayoría de las veces, y este gran reto incluye múltiples factores tangibles y naturalmente intangibles de gran peso.
Nuestra tarea como seres integrales consiste en encontrar sabiamente cómo unir ambas categorías para muchos antagónicas cuando no contrarias.
Por suerte la historia de la humanidad nos deja un enorme potencial de conocimientos ancestrales plenos de sabiduría como grandes escuelas de pensamiento, teorías, prácticas saludables y hermosos proyectos de vida.
En la edad mayor se vive una etapa de renacimiento muy especial, al cambiar el estilo de vida tan agobiante de hacer sin parar, por otro profundamente enriquecedor; el de encontrar la verdadera razón de ser, a través de nuevas estructuras de pensamiento y expresiones corporales bajo nuevos paradigmas de salud integral.
Pero este cambio naturalmente no se da de la noche a la mañana, por cuanto debe ser resultado de un proceso de interiorización de alto impacto, que incluya algo importante; primero no irse a dormir sin haber aprendido algo nuevo y motivante, y segundo no levantarse en la mañana sin una ilusión y razón para vivir.
Y en este orden de ideas, el aprendizaje de nuevas y valiosas disciplinas como el yoga representa un reto maravilloso en materia de calidad de vida integral
Por tal razón la invitación es clara, concreta y orientada a movernos por la vida desde y hacia la misma vida, cerrando los ojos concentrándonos en movimientos muy suaves de estiramiento, equilibrio, soltando y dejando ir el estrés, los miedos, las incertidumbres sobre el futuro y todo tipo de pensamientos y sentimientos agobiantes que lesionan y enferman.
Cerrando los ojos dejamos ir la rigidez tanto física como mental, entrando a una dimensión que nos permite vivir de una manera diferentes, caminando hacia la calma y salud integral, como si se tratara de un cambio extremo y un regalo de la vida para honrarla.
Mediante el movimiento armonioso, respetuoso y amoroso vamos aprendiendo a observar el cuerpo como cuerpo y la mente como mente interactuando entre ambos equilibrando nuestras uniéndonos con sus hilos invisibles al flujo de la vida. De tal manera que los canales energéticos se manifiestan como parte de un maravilloso sistema que nos permite explorar y más que ello descubrir y disfrutar a través del movimiento de un profundo sentimiento de libertad a través de una profunda renovación integral.
Nuestra tarea consiste en apropiarnos de esta nueva visión de vida a través de una silenciosa modalidad representada a través de una movilidad con gran respeto por la vida y la salud mente – cuerpo, observando, sintiendo, canalizando y disfrutando con gratitud y alegría.
Y en este bello proceso es importante recordar siempre que debemos renovar nuestro lenguaje interior, así como la calidad de nuestros mensajes, cambiando ese dañino que nos recuerda siempre cuánto no me he cuidado, por el de cuánto me voy a cuidar para envejecer con plenitud.
Y jamás olvidemos que la vida es movimiento, el mundo es movimiento, la energía es movimiento y nosotros somos energía en pleno movimiento.
Elsa Beatriz Acevedo Pineda
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