Hay un tiempo en que vienen a la vida de algunos de nosotros, los lobos.
Se alimentan de emociones y de sentimientos: de ideas;
poco a poco devoran lo que fue doloroso y en especial, lo que fue hermoso.
Son lobos de oscuro pelaje y pardas metas, tan solo pardas…
Tan luego se nutren, se alejan satisfechos, satisfechos de lo que creen suficiente. Pero hay lobos tontos quienes se alimentan tan solo de ideas.
Estos lobos tontos suponen que las ideas son más nutritivas que los sueños,
Hay más lobos tontos que los inteligentes y se alejan sin tocar los recuerdos.
Otros lobos muy inteligentes que toman los recuerdos
y los esconden en lugares inaccesibles del cerebro.
Estos lobos inteligentes regresan de tanto en tanto,
para comprobar si aún se encuentran ahí los recuerdos y los admiran...
se nutren de ellos sin lastimarlos y los regresan donde los colocaron,
luego se alejan con un bienestar inimaginable.
Mientras tanto, al nosotros carecer por momentos del acceso a esos recuerdos,
somos invadidos por la angustia, por la ansiedad, por el temor
y somos llamados “enfermos”, “demenciados” quizá hasta “locos”
y somos sometidos a dependencias y a ser ignorados o a aislarnos…
De ahí en adelante, nuestra vida será, en su mayoría, invisible ¡carga!;
pensamiento, petición, sugerencia o rebeldía contra eso,
es considerada como signo o síntoma de una “enfermedad”
y somos aún más sometidos: la ciencia médica define nuestra vida.
Mientras tanto, los lobos inteligentes, se reúnen a dialogar,
pues no están de acuerdo en el trato que recibimos opinan.
Se molestan, forman grupos, escuchan comentarios y sugerencias;
luego deciden: nuestra muerte es más amable que la vida que tenemos.
Enseguida vienen a nosotros, invisibles ante las emociones y la ciencia;
pasan desapercibidos pues hay fe sin fondo y direcciones sin humanismo,
y… penetran hasta donde se encuentran las ideas, los sueños, las emociones,
los recuerdos y sobre todo el deseo de luchar ¡y acaban con todo ello!
Un ser humano no vive sin eso. Un ser humano muere enseguida.
Luego, los lobos inteligentes se alejan, orgullosos por lo que hicieron.
Enseguida se reúnen y con satisfacción gritan, aúllan a todo pulmón…
Se felicitan entre ellos, lo comparten con el resto de la manada
unificando su alegría y al unísono todos gritan:
¡Rescatamos la dignidad, rescatamos su dignidad!
¡Les liberamos de las dependencias que generan la ciencia las creencias, los temores, las culpas, la fe sin orientación, las miradas sin humanismo, el ejercicio sin vocación, sin compasión, sin humildad y…
¡Y murieron VIVOS!
Dr. Pepe Valencia
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